El Santuario de pia:
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introducción

Mi madre, que siempre ha sido una exploradora nata, descubrió una tortuga herida a la orilla de un río mientras recogía plantas medicinales. Sin pensarlo dos veces, la llevó a casa y le brindó los cuidados necesarios hasta que recuperó su salud.
Desde ese momento, mi madre sintió una conexión especial con estos reptiles, y decidió dedicar su vida a la protección y crianza de los morrocoys.
Con el tiempo, nuestra casa se convirtió en un verdadero refugio para las tortugas de patas amarillas.

Actualmente, tenemos más de 40 ejemplares, entre machos y hembras, cada uno con su propia personalidad y características únicas.
Cada mañana, mi madre y yo nos levantamos al amanecer para alimentarlas, limpiar sus áreas de descanso y asegurarnos de que estén saludables y felices.

Las hemos nombrado a todas, y conocemos sus hábitos y preferencias como si fueran parte de nuestra familia.
Uno de los datos más curiosos sobre las tortugas de patas amarillas es que pueden vivir hasta 50 años o más en condiciones adecuadas.
Además, son extremadamente pacíficas y pasan gran parte de su tiempo buscando alimento, como frutas, hojas y flores. Observándolas, hemos aprendido a apreciar la paciencia y la tranquilidad con la que se mueven, y hemos adoptado estos valores en nuestras propias vidas.

La razón por la que nos encanta tener estos animalitos va más allá de su naturaleza encantadora.
Criar morrocoys nos ha enseñado la importancia de la perseverancia y el respeto por la vida.
Cada vez que una tortuga pone huevos, es una celebración en nuestra familia.
Observamos con asombro el proceso de eclosión y el primer paso de las pequeñas tortuguitas hacia el mundo.
Este ciclo de vida nos recuerda la fragilidad y la belleza de la naturaleza, y nos motiva a seguir protegiendo a estos maravillosos animales.
Además, hemos creado un pequeño santuario en nuestro jardín, donde las tortugas pueden deambular libremente, disfrutar del sol y refrescarse en pequeñas charcos.
Este espacio no solo es un paraíso para los morrocoys, sino también un lugar de paz y reflexión para nosotros.

Sentarnos a observarlas mientras se alimentan o descansan nos brinda una sensación de calma y conexión con la naturaleza que es difícil de describir con palabras.
A lo largo de los años, hemos aprendido muchos datos interesantes sobre las tortugas de patas amarillas.
Por ejemplo, estas tortugas tienen la capacidad de reconocer a sus cuidadores y pueden aprender a responder a sus voces.
También son expertas en recordar rutas y ubicaciones de alimentos, lo que demuestra una inteligencia sorprendente para un reptil.
Además, sus patrones de caparazón son únicos, como huellas dactilares, lo que nos permite identificar a cada una de ellas con facilidad.
La crianza de tortugas de patas amarillas también nos ha permitido conocer a otras personas que comparten nuestra pasión.
Hemos establecido una pequeña red de amantes de los morrocoys, donde intercambiamos conocimientos, experiencias y consejos sobre cómo mejorar el bienestar de nuestras tortugas.
Esta comunidad se ha convertido en una segunda familia para nosotros, unida por el amor y respeto hacia estos fascinantes reptiles.
Una de nuestras historias favoritas involucra a Matusalén, nuestra tortuga más anciana, que llegó a nosotros hace más de 30 años. Matusalén es una verdadera leyenda en nuestro hogar.
Con su caparazón desgastado y su andar pausado, ha sido testigo de innumerables momentos familiares.
Recuerdo una vez en que desapareció durante días, y tras una intensa búsqueda, la encontramos bajo un arbusto, disfrutando de un festín de flores.

Desde entonces, Matusalén se ha convertido en el símbolo de resiliencia y longevidad en nuestra familia.
Criar tortugas de patas amarillas ha sido una experiencia increíblemente gratificante y enriquecedora.
Nos ha enseñado sobre la importancia de la paciencia, la dedicación y el amor por la naturaleza.

Cada tortuga que hemos acogido ha dejado una huella imborrable en nuestras vidas, y estamos comprometidos a seguir protegiéndolas y brindándoles un hogar seguro y amoroso.