Planet K7
“Captain, we are approaching planet K7. Awaiting further order.” The starship pilot was addressing his superior.
“Mr. Yuroke, land to begin exploration.” The captain ordered the pilot.
After several months and passing by several planets, the Stellar crew finally arrived at planet K7. The mission entrusted to them by the government was to search for the mineral Anolius 100, a strange material that served as infinite fuel for everything that needed energy to function.
Finding K7 was torture and miserable, but they had finally arrived, and now everything would be easier. The huge grayish craft was entering the atmosphere. “We are ready to land. Activating plasmic hull. Cosmic oscillators deactivated.”
“Mr. Yuroke, report planet conditions,” the captain ordered.
“According to supercomputer data, the environment is sustainable, and oxygen is plentiful. There is no need for spacesuits.” Yuroke finished reading the data received.
“Sounds good to me.” The captain stood up from his seat. “Attention, crew, at fifteen hundred hours, we will make the expedition. All hands stand by.” The captain disappeared behind the automatic doors. The hour arrived, and the scouts were ready to go outside. “All right, gentlemen, now that we're ready we're going to explore the Z-800 zone. We've had a strong reading from the radiometer and believe that's where the mineral is.” The captain picked up a laser weapon. “You will each be equipped with one of these. We don't know what might be out there, so be careful.”
The scouts nodded and received the weapons. The doors opened, and the space vehicles sped out. Red dust pervaded the atmosphere, and large trees with red leaves and light purple trunks dominated the landscape. The species were rare and terrifying. Some had seven eyes but were harmless.
After about half an hour of travel, the captain stopped the spacecraft. “Gentlemen, we have arrived. Remember to be cautious.” The captain went down first and saw a big cave. The radiometers were beginning to give very high readings. “All right, gentlemen, this is it. Let's pick up the Anolius 100, and we leave in thirty minutes, did you understand?”
“Yes, Captain.” The scouts replied in unison.
The captain and the explorers began to run towards the enormous cave. Suddenly, darkness enveloped the group, and at that moment, the captain ordered the scouts to turn on the plasma lights.
In a single file, the men moved through the natural passages of the cave. The captain pulled out the radiometer, and the sound grew louder. “Let's go this way, gentlemen.”
The explorers came to a large chamber and looked upon a destroyed altar. Everyone began to inspect the place. On the walls of the cave, there were incomprehensible pictograms.
One of the explorers shouted, “Here it is in Anolius 100.” Dark crystals were rising above the floor.
The explorers began to pick them up and take them as samples. At that moment, crow-shaped birds with red eyes attacked them. The men fired, but it was useless because more and more birds arrived.
The explorers tried to escape without success, and the red-eyed birds killed them. The captain and a scout managed to get out and quickly boarded the vehicle bound for the ship. The labored breathing had normalized, and the captain said, “Are you all right?"
The man looked up, and his eyes turned red. He immediately charged at the captain, who, upon seeing this, drew his weapon and fired. The man fell lifeless. After a few minutes, the captain rushed out to the ship.
“Mr. Yuroke, we have to get out of here quickly. The black birds with red eyes wiped out the crew, and then the one who escaped with me went mad and wanted to kill me. There is something strange going on here.”
“Captain, what about the Anolius 100?” Yuroke asked.
“Here, I bring some samples, although I notice something different about the crystals.” Captain showed him the crystals.
“We must take them back to Earth to be studied by the experts.” Yuroke returned to his seat and took off the ship, programming it for a destination of Earth. The captain looked up, and his eyes turned red.
The end
El planeta K7
«Capitán, nos acercamos al planeta K7. Espero nueva orden». El piloto de la nave Estelar se dirigía a su superior.
«Señor Yuroke, aterrice para iniciar exploración». El capitán ordenaba al piloto.
Luego de mucho tiempo y viajes por varios planetas, la tripulación del Estelar, al fin habían llegado al planeta K7. La misión que el gobierno les encomendó, fue buscar el mineral Anolius 100, un extraño material que servía de combustible infinito para todo aquello que necesitaba de energía para funcionar.
Encontrar K7 fue tortuoso y desventurado, pero al fin habían llegado y ahora todo sería más fácil. La enorme nave grisácea se adentraba en la atmósfera. «Estamos listos para aterrizar. Activando casco plásmico, osciladores cósmicos desactivados».
«Señor Yuroke, informe de las condiciones del planeta», el capitán ordenaba.
«Según los datos de la súper computadora, el ambiente es sustentable y abunda el oxígeno. No hay necesidad de trajes espaciales». Yuroke terminaba de leer los datos recibidos.
«Me parece muy bien». El capitán se paraba del asiento. «Atención, tripulación, a las mil quinientas horas, haremos la expedición. Estén todos listos». El capitán desaparecía tras las puertas automáticas. La hora llegó y los exploradores estaban listos para salir al exterior. «Muy bien, señores, ahora que estamos listos vamos a explorar la zona Z-800. Hemos tenido una fuerte lectura de los radiómetros y pensamos que ahí se encuentra el mineral que venimos a buscar». El capitán tomaba un arma láser. «Cada uno será equipado con una de estas, no sabemos que puede haber allá afuera, sean muy cuidadosos».
Los exploradores asentían y recibían las armas. Las puertas de la nave se abrían y los vehículos espaciales salían a toda velocidad. El polvo rojo invadía la atmósfera, grandes árboles de hojas rojas y troncos de un morado claro dominaban el paisaje. Las especies eran muy raras y algunas espantosas con siete ojos, pero inofensivas.
Luego de una media hora de viaje el capitán detenía el vehículo espacial. «Señores, hemos llegado. Recuerden tener mucho cuidado y precaución». El capitán bajaba de primero y veía una enorme cueva. Los radiómetros empezaban a dar lecturas muy altas. «Muy bien, señores es aquí, vamos a recoger el Anolius 100 y salimos en treinta minutos. ¿Entendido?».
«Sí, capitán». Contestaban al unísono los exploradores.
El capitán y los exploradores empezaron a correr hacia la enorme cueva. De golpe las tinieblas reinantes abrazaron al grupo, en eso, el capitán ordenaba a los exploradores encender las luces plasmáticas.
En fila india, los hombres se movían entre los pasajes naturales de la cueva. El capitán sacaba el radiómetro y el sonido se hacía más fuerte. «Vamos por acá, señores».
Llegaron hasta una especie de cámara, era enorme y tenía un altar que estaba medio destruido. Todos empezaron a inspeccionar el lugar y en las paredes de la cueva se podía ver unos dibujos muy extraños acompañados de unos símbolos.
Uno de los exploradores grito, «Aquí está en Anolius 100». Los cristales oscuros se alzaban sobre el suelo.
Los exploradores empezaron a tomarlos para llevarlos de muestra. En ese momento, unas aves parecidas a cuervos con ojos rojos empezó a atacarlos. Los hombres empezaron a disparar, pero era inútil, cada vez llegaban más aves.
Los exploradores intentaron escapar sin éxito y fueron asesinados por los pájaros de ojos rojos. El capitán y un explorador lograron salir y subieron rápidamente al vehículo con destino hacia la nave. La respiración agitada se iba normalizando y el capitán decía, «¿Te encuentras bien?».
El hombre levantó la mirada y sus ojos se pusieron rojos. Inmediatamente atacó al capitán quien al ver esto sacó el arma y disparó. El hombre caía sin vida. Después de unos minutos, el capitán salía presuroso hacia la nave.
«Señor Yuroke, tenemos que salir de aquí rápidamente. La tripulación fue aniquilada por unas aves raras y él que escapó conmigo enloqueció y me quiso matar. Aquí pasa algo muy raro».
«Capitán, ¿y el Anolius 100?». Preguntaba Yuroke.
«Aquí traigo unas muestras, aunque noto algo diferente en los cristales». El capitán mostraba los cristales a Yuroke.
«Debemos llevarlos a la tierra para que sean estudiados por los expertos». Yuroke volvía a su asiento y despejaba la nave, programándola con destino hacia la tierra. El capitán levantó la mirada y sus ojos se volvieron rojos.
Fin
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Day 11
marchinleo
Source 2
Edited by Rincón Poético
The text of this post was originally translated from Spanish to English with the translator DeepL
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