I was once a gardener.
I grew butterflies on the cliff
to give daisies to the executioners.
In another story
I wrote plays,
of the absurd and the damned,
of assonance and its rules.
The rules were written by someone
who was not ashamed
to be ashamed,
but because of him
many saw the gallows
and not exactly in the sea.
In the sea the rosemary flowers bloom
and there are butterflies in black and white
with color stories,
but the colors do not matter to the executioner.
The executioner is an animal in black and white
just like the condemned.
Maybe that's why
I wrote plays
where I never knew
who was one and who was the other.
One white and one black,
or vice versa.
En otra época fui jardinero.
Cultivé mariposas en el acantilado
para regalarle margaritas a los verdugos.
En otra historia
escribí obras de teatro,
del absurdo y los condenados,
de la asonancia y sus reglas.
Las reglas las escribió alguien
que no tuvo la vergüenza
de tener vergüenza,
pero por su causa
muchos vieron la horca
y no precisamente en el mar.
En el mar los romerillos florecen
y hay mariposas en blanco y negro
con historias a color,
pero los colores no les importan al verdugo.
El verdugo es un animal en blanco y negro
igual que los condenados.
Tal vez por eso
escribí obras de teatro
donde nunca supe
quién era uno y quién el otro.
Uno blanco y otro negro,
o viceversa.